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Este es uno de los animales de aspecto más extraño del reino animal y desde los tiempos de la conquista ha impresionado al ser humano. Basta recordar una descripción de aquellos tiempos, la de Don Pedro de Aguado: "... hallaron un oso hormiguero, animal que, aunque no es muy crecido de cuerpo, es espantable por la monstruosidad y terrible aspecto que en él puso Naturaleza...". Hoy sabemos que tiene muy poco de monstruo y que cuando mejor lo conocemos, más querible es. También se lo conoce con otros nombres: Hormiguero Gigante; Tamanduá Bandera o Guazú; Yaquí, Yurumí o Ñurumí (en guaraní); Heteyreé (en abipón); y Pota'e o Sulaj (en toba y wichí). No es un oso verdadero (dado que no pertenece al orden de los carnívoros), pero cuando es agredido adopta la postura defensiva de un oso de verdad, lanzando zarpazos con sus potentes garras. El otro nombre de "bandera" proviene de su cola, porque a veces, cuando corre o está asustado la levanta, como si fuera un pabellón. |
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Es un mamífero muy grande (hasta 2,8 m de longitud y hasta unos 55 kg de peso), con un hocico larguísimo cuya boca no tiene dientes, pero sí una lengua tremendamente extensa y pegajosa, con la cual captura a sus presas: hormigas, termitas y otros invertebrados. Las dos potentes e impresionantes garras cavadoras de sus patas delanteras le permite abrir boquetes en hormigueros y termiteros, provocando desbandes que aprovecha para saciar su apetito. Gran caminador, puede cubrir territorios de hasta 2.500 ha para hallar su dieta, guiado por su poderoso olfato (40 veces superior al humano). Para dar una idea del control que ejerce sobre esos invertebrados, puede considerarse que en una sóla feca fueron hallados restos de 14.253 hormigas. Pero su control es sabio, porque no extermina a todas las hormigas de un hormiguero, sino que come unas pocas de cada uno que encuentra. De esta forma, cada colonia puede recuperarse de sus ataques y así se garantiza futura comida.
Es bastante mimético, cuyo pelaje puede confundirse fácilmente con su hábitat. Al anochecer, busca un lugar protegido donde ocultarse y construir su lecho para reposar entre los pastos duros. Allí se recuesta sobre su vientre, dobla la cabeza hacia abajo, replegando las patas y tapándose con la cola para dormir. En esta posición puede pasar totalmente desapercibido, ya que parece un montón de palitos secos entre las ramas caídas del bosque.
Los osos hormigueros sólo se reúnen para reproducirse. Después esa breve relación y de unos 190 días de gestación nace sólo una cría, muy pequeña, de apenas 1,6 k de peso. Su madre la transporta sobre el lomo, hasta que cumpla un año. Cuando el joven ya pesa cerca de 15 k, ella deja de cargarlo, hecho que coincide con su nueva preñez.
Es una especie exclusivamente latinoamericana, dado que sólo se la encentra en centro y Sudamérica. En Argentina habita en los pastizales, sabanas, bosques y selvas, desde Jujuy a Misiones, hasta el norte de Santiago del Estero, de Santa Fe y posiblemente de Corrientes. Pero es un animal solitario, nocturno y raro, que ha desaparecido de muchas zonas e incluso de áreas protegidas. La tendencia poblacional es a declinar, de hecho, su presencia en Centro América ya es histórica o anecdótica.
Está en peligro de extinción y por eso, se lo ha protegido en todo el país. Incluso fue declarado Monumento Natural en las Provincias de Misiones y Chaco. Sus principales amenazas son la deforestación de los bosques y selvas, y también su caza. A pesar que su piel, su cuero y su carne no tienen valor, se lo persigue por curiosidad y a veces por el peligro que representa para los perros de los campesinos. También se lo captura vivo (ilegalmente) para abastecer a zoológicos y colecciones privadas. Pero estos problemas parecen no ser nuevos. Ya en 1878, el Comandante Jorge Fontana, en su campaña por la conquista del Chaco dijo que es un "animal indefenso, que se propaga muy poco y está destinado a desaparecer en breves años". Afortunadamente no ha desaparecido del todo y la Fundación Vida Silvestre Argentina apuesta a que todos puedan conocerlo y defenderlo más. Por esta razón, lo ha elegido como su emblema, que ha facilitado a que sea conocido en todo el mundo como un símbolo de la lucha por conservar la naturaleza.
Claudio Bertonatti*
* Naturaleza, museólogo y docente. Dirige la revista “Vida Silvestre”. bertonatti@vidasilvestre.org.ar |